las cosas claras, señor presidente

Carga del "regimiento de granaderos a caballo" durante la Batalla de san juan. Óleo de Juan Mochi

Abogado del recuerdo

En el 2014 se publicaron en Chile las memorias del abogado - militar José Miguel Varela. Sus recuerdos son una ventana a la Guerra del Pacífico*.

Publicado: 2015-05-30


Chile le declaró la guerra al Perú el 5 de abril de 1879. Tres días después, el abogado José Miguel Varela fue nombrado alférez del “Regimiento de Granaderos a Caballo”, luego de haberse enrolado al Ejército chileno voluntariamente. El sermón dominical del cura de su pueblo natal, Melipilla, lo convenció de “no quedarse fuera de la historia”.

Entre 1879 y 1882 participa en la Guerra del Pacífico. Al regresar a Chile se le asigna la tarea de expandir la soberanía del Estado sobre los territorios mapuches en la llamada “Pacificación de la Araucanía”. Posteriormente, por luchar al lado del bando perdedor de la Guerra Civil de 1891, el del presidente José Manuel Balmaceda, terminó herido y en la clandestinidad. Ya anciano, le confió sus memorias a un amigo, quién las registró en apuntes. Más de 70 años después, el heredero de los manuscritos decidió darles un orden y editarlos para, finalmente, ser publicados en el 2014 bajo el nombre de Veterano de tres guerras. Recuerdos de José Miguel Valera.

el abuelo de Guillermo Parvex, editor del libro, fue el amigo de Varela que guardó sus manuscritos

Cronista y protagonista

Su descripción de la extracción de los libros de la Biblioteca Nacional, negada oficialmente durante muchos años, lo ejemplifica. Varela cuenta que, por su formación de abogado, el coronel Pedro Lagos le encargó la tarea de “seleccionar los libros que considerara de mayor interés, listarlos, embalarlos y despacharlos a Chile" como una “retribución de guerra” que “pasaría al patrimonio de la Biblioteca Nacional de Santiago”.

Un día, “mientras hojeaba joyas de la literatura”, se le acercó un peruano “de unos cuarenta y cinco años, más bien bajo y de lentes de montura”. “Saludándome en forma muy despreciativa - señala Varela - me preguntó que quién había autorizado a entrar allí y me gritó ¨váyase de inmediato con sus rústicos soldados y sus hediondos caballos¨”. El peruano era, claro está, Ricardo Palma. 

Varela cuenta que Ricardo Palma escondía libros  valiosos mientras lo acompañaba en el embalaje 

el ejército chileno extrajo 10 mil libros de La Biblioteca Nacional del Perú

Escenas como ésta se repiten a lo largo del texto pero no solo con relación a la Guerra del Pacífico sino también a la vida cotidiana durante el siglo XIX y los otros conflictos políticos que afrontó el abogado-militar en su país. Allí reside el segundo motivo que hace atractivo al libro: el relato del Chile de posguerra. Entro otros procesos emblemáticos, narra el despojo de las tierras mapuches por parte de los colonos europeos en complicidad con el Estado, la modernización de Santiago y la llegada de la electricidad, así como la desgarradora lucha entre veteranos de la Guerra del Pacífico durante la Guerra Civil que enfrentó al ejecutivo con el legislativo.

En el relato de Varela también abundan las contradicciones del proyecto de “república civiliza” que tuvo Chile, aludido por Carmen McEvoy en “Guerreros civilizadores”. Una de esas contradicciones fue el abandono sufrido por los soldados que lucharon contra Perú y su conversión en “material desechable”. A lo largo del libro, se denuncia que, al no recibir sueldo u apoyo alguno por parte del Estado, muchos de ellos terminaron de mendigos o líderes de las bandas delictivas que azotaron el Far West chileno: las ricas tierras colonizadas del sur.

Unidad del Ejéricto chileno en exploración cerca de Lonquimay, Araucanía (1885). Foto: Archivo Histórico Nacional

A través de la narración de su vida, la de un ciudadano que “se movilizó a caballo y maravilló con los ferrocarriles y telégrafos”, José Miguel Varela contribuye a comprender los alcances de la Guerra del Pacífico y de la modernización vivida en Chile entre los siglos XIX y XX. Al hacerlo, pone en perspectiva tanto nuestra convivencia como los espionajes que la tensionan. Valdría la pena que una editorial haga de abogado del recuerdo chileno y publique el libro en nuestro país. El conocimiento de historias ajenas facilita siempre la comunicación entre naciones.

*Artículo publicado originalmente en la edición impresa de mayo de la revista PODER

Recuerdos de la Guerra del Pacífico de José Miguel Varela :

En el entierro de soldados luego de la Batalla del Alto de la Alianza o Batalla de Tacna:
"Nunca olvidaré que la pena más profunda la sentí cuando un grupo de hombre levantaba el cuerpo inerte de un infante chileno cuya chaqueta había quedado unos metros lejos del cuerpo, seguramente en un último intento de desvestirse para tratar de curar sus heridas. Algo me hizo revisar la chaqueta y encontré en la bocamanga un paquete muy chiquito de papel grueso y arrugado. Al abrirlo encontré unas tres o cuatro bolitas de colores y un pedacito de papel anarillento que decía ¨para que no se olvide de sus niños, ya que nosotros siempre lo estaremos recordando y esperando¨". 

Entierro de soldados chilenos del Alto de la Alianza o Batalla de Tacna (1881). Foto:  Díaz y Spencer.

En la destrucción de Chorrillos, luego de la Batalla de San Juan:

"(...) al llegar al centro de la ciudad el aspecto era dantesco. Las fastuosas casas y mansiones ardían por los cuatro costados y en los pórticos se veían cadáveres de hombres y mujeres civiles destrozados a bayonetazos.
(...) En una plaza había unos ocho soldados chilenos, totalmente borrachos, que trataban de desvestir a una mujer para violarla y la pobre daba unos alaridos que llegaban a romper el corazón.
Villagrán me gritó "páralos y si no te obedecen, mátalos". Me lancé con mis veinticinco jinetes- con Catalán a mi izquierda - contra los amotinados. Cuando íbamos a unos diez metros, uno de ellos se llevó el fusil a la cara, me apuntó y lanzando groserías disparó, sin lograr alcanzarme. Catalán, que llevaba la carabina preparada le descerrajó un tiro que le dio en plena frente, destapándole la cabeza.
(...) En realidad nunca supe el balance final de esa vergonzosa noche, pero calculo que considerando riñas entre los soldados ebrios y aquellos que fueron dados de baja por la caballería que se empeñó en sacarlos de la ciudad, deben haber muerto unos ciento cuarenta o ciento cincuenta soldados, que habiendo escapado de las balas enemigas en la batalla que duró casi diez horas, terminaron convertidos en cadáveres a causa del alcohol".

Los desmanes de los soldados chilenos dejaron chorrilos en ruinas (1881). Foto: Eugene Courret

En Lima, durante la ocupación: 

"Fue en las casonas de la Universidad San Marcos, transformadas en cuarteles de nuestras tropas, que conocí a las típicas ¨tisaneras¨, que eran mujeres que vendían una rica bebida refrescante, muy necesaria para el húmedo calor de Lima. La tisana la vendían generalmente muy helada y era el producto de cocción de agua con cáscaras de piña y limón."
"El personaje más cómico era el ¨mercachifle¨, generalmente de origen árabe, que andaba -según su nivel- en burro o en un carruaje, con grandes maletas de viaje que contenían una infinidad de cosas. Recuerdo haberme hecho amigo de uno que recorría las calles de Callao, que decía que era de Damasco. Tenía unos cincuenta años y era muy simpático. No recuerdo su nombre, pero sí que muchas veces le compré tabaco, fósforos, jabones y hasta calzoncillos. Más bien dicho me fiaban esas cosas, ya que casi nunca recibíamos nuestra paga, y solo nos contentábamos con abonos a cuenta de los nos debía el fisco chileno".

La "Tisanera" según  el libro "Lima Antigua: tipos de antaño" de Carlos Prince (1890)

Oficiales del regimiento Granaderos en Arica (1880). El alférez Varela es el quinto (último) de la hilera superior


Escrito por

Santiago Alfaro Rotondo

Sociólogo que navega entre el desarrollo y la política cultural


Publicado en

Resonancia

Un blog - archivo con mis artículos publicados en otros tiempos, en otras imprentas, en otras pantallas.